Las prisas son malas. Y para comer, nefastas. Pero desgraciadamente, el ritmo laboral de hoy en día apenas permite disfrutar del sagrado momento de la comida.
¿La solución? Rendirse a los menús diarios que ofrecen los restaurantes cercanos al lugar de trabajo, acudir a los precocinados y a los platos ya preparados o comulgar con los locales dedicados al fast food.
Lo más saludable es almorzar en casa un menú equilibrado. Pero generalmente, a los trabajadores les viene muy mal ir a comer a casa, suele estar lejos del trabajo y tienen que regresar al tajo con el postre entre los dientes. Algo que puede llegar a ser más insano que la hamburguesa más apergaminada. Así que el remedio son los restaurantes de menú diario cercanos a la empresa.
Lo que hay que hacer es relajarse, disfrutar de esa hora y media o dos estipuladas para el almuerzo y lanzarse a la búsqueda del comedor adecuado. Ahora bien, si el menú no se elige correctamente, acabarán convirtiéndose en kilos de más, aumento del colesterol y del ácido úrico y ardores cotidianos.

Normas para elegir
Si come rápido… al menos coma bien (I)
La primera pauta consiste en escoger adecuadamente el restaurante: que esté cerca, que sea tranquilo, que no sea una ganga -de los menús de precios irrisorios hay que huir como de la peste- y que la limpieza y la higiene salten a la vista. Intente que el lugar ofrezca varias posibilidades dentro del menú diario para poder combinar los alimentos. Conviene alternar el resto de los días con otros restaurantes.
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