Someterse al bisturí, si o no… I


Como cirugía que es, la estética también conlleva riesgos inherentes a cualquier operación
El culto al cuerpo se ha convertido en uno de los negocios más rentables de los últimos tiempos. Sólo en España factura 100.000 millones de pesetas, más de 600 millones de euros.

Del mismo modo que se acude a un dentista para el arreglo de los dientes, hoy cualquier persona puede aumentarse el pecho, quitarse arrugas, cambiar de nariz, eliminar la flacidez y la grasa, tensar el abdomen o conferir volumen a sus pómulos o boca.

En un inicio, la medicina plástica desempeñaba una función reparadora frente a las fatalidades de la vida. En los años sesenta, Estados Unidos abanderó la revolución de la medicina plástica atendiendo a imperativos estéticos.

Las nuevas técnicas de la cirugía estética, más seguras y menos agresivas que antaño, y sus secuelas cada vez menos visibles, han contribuido a que se fuera desterrando el miedo que suscitaban las intervenciones de este tipo.

Pero, de todos modos, someterse a una operación de cirugía estética es un asunto muy serio. A los riesgos inherentes a cualquier operación, hay que sumar el proceso de preparación y, en ocasiones, un postoperatorio plagado de problemas.

Riesgos
Como cirugía que es, la estética también comporta los riesgos inherentes a cualquier operación (problemas de anestesia, mala cicatrización, etc.).

Se estima que en España existe un considerable grupo de médicos que ejercen la cirugía plástica sin titulación apropiada. Por ello, cuando a uno de estos doctores le surge una complicación es más probable que no sepa solucionarla, porque no es su especialidad; naturalmente, aumenta así la posibilidad de que el paciente sufra daños evitables.

La consecuencia más leve de una mala praxis en este campo es un mal resultado: asimetrías, lifting face (como llaman los estadounidenses a los rasgos tensos de un estiramiento poco cuidado) o un incremento exagerado del pecho (una de cada cuatro mamoplastias sale mal), antiestético y lesivo para la espalda.

Dentro de las más graves se encuentran los daños en el nervio facial, la pérdida de expresividad o graves complicaciones después de una liposucción, que provoca una disminución de la tensión arterial que debe encararse en un hospital, y que tiene el dudoso honor de contar con un mayor índice de mortalidad debido a que se extraen volúmenes grandes de grasa sin hospitalización y con cantidades enormes -y por tanto tóxicas- de anestesia local.

Someterse al bisturí, si o no… I
En cuanto a los costos ?

La cirugía estética se está convirtiendo en un servicio de consumo masivo, incluso entre los hombres. Privilegio de ricos y famosos hasta hace pocos años, gracias a la gran demanda y al avance de las técnicas (más sencillas y con menos gasto hospitalario), los precios de las intervenciones han descendido entre un 7% y un 9%, de manera que han dejado de ser tan prohibitivas.
Ahora, personas casi de toda clase, sexo y condición económica, recurren a la cirugía para mejorar su aspecto físico, ya que hay clínicas que ofrecen planes de financiamiento con lo cual los pacientes pueden pagar a plazos las intervenciones.

En España un transplante de cabello tiene un costo que oscila alrededor de (300.000 ptas., 1.803 euros), la rinoplastia (250.000 ptas -1.502 E) y la plastia de párpados para quitarse las bolsas de los ojos, cuesta entre 150.000 y 300.000 pesetas (entre 901 y 1.803 E).

 

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